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Historias de Don Hugo: los clientes que llevan 28 años yendo a Los Prado

·6 min · Por la familia Prado
Foto de familia afuera del local de Los Prado en Paseo de los Leones, 1998

En abril le pedí a mi papá que me contara de los clientes que se acuerda. Llevamos 28 años en Av. Paseo de los Leones y nunca habíamos escrito quiénes son. Me los fue diciendo de memoria. Aquí va una parte.

Don Raimundo, el primer cliente

En 1998, recién abierto el local, mi papá vio pasar a un señor en carro y salió a la calle con una probadita. "Pruebe, señor." El señor le dijo "lástima que ya comí", pero se bajó, probó y pidió un cuarto de kilo.

Era vecino de Vistahermosa. Desde ese día llegaba cada domingo por carnitas para toda su familia, y nunca dejó de venir.

El cliente que creció con el local

Hay un cliente (no digo su nombre porque sigue viniendo) que empezó a venir con sus papás cuando era niño. Después vino con la novia, después ya casados, y ahora viene con sus hijos. Esta primavera volvió con ellos.

"Así hay varias parejas que así empezaron a venir", dice mi papá.

El señor Lozano y el mezcalito

El señor Lozano era muy amigo de mi abuelo. Llegaba cada semana a platicar con él, y mi abuelo le servía un mezcalito en el mostrador.

"Un tipazo", dice mi papá. "Si mi papá viviera tendría 90 y tantos años. El señor también tiene esa edad."

El doctor Caro y los cinco guacamoles

El doctor Caro es neurólogo. Cada quince días, a veces cada mes, se lleva casi siempre lo mismo: 3 o 4 kilos de carnitas y 5 guacamoles. Cuando le preguntan para cuántos es, contesta igual: "para los nietos".

El señor Barragán, de la nevería Tocumbo

Era michoacano, dueño de la nevería Tocumbo en Guadalupe, y de joven fue bailarín profesional. Un día llegó diciendo "yo soy de allá", y desde entonces entraba gritando "¡qué pasó, paisano!".

Era medio echador. Decía que sus paletas eran las mejores y que estaban por todo el mundo. Cada quince días se llevaba carnitas para toda la familia. Murió hace dos o tres años.

Las carnitas eran el pretexto. Lo que lo traía era encontrarse con otro michoacano en Monterrey.

El doctor Ábrego, traumatólogo y poeta

Llegaba bien norteño. Era traumatólogo, maestro, y hacía poemas. Una vez mi papá le comentó que le dolía la rodilla, y el doctor le dio su tarjeta: "saca una cita, aquí está mi teléfono". "O sea, no me estaba preguntando", se ríe mi papá.

Ya falleció.

Los que dejaron de venir

Mi papá también se acordó de familias que durante años vinieron cada semana y un día dejaron de llegar: doctores, dentistas, vecinos, paisanos de Uruapan. Le pregunté por qué creía que pasaba.

"Las familias ya no se juntan como antes los domingos porque los hijos ya están grandes, y luego si a eso le sumas que los papás ya murieron, pues ya no se juntan como se juntaban los papás. Si me explico, o sea, sí tiene que ver mucho eso, mijo. Las generaciones."

Abrimos de jueves a domingo. Don Hugo sigue despachando.

¿Te dio antojo?

Pasa por las tuyas este fin de semana

Av. Paseo de los Leones 1330, Monterrey · Jue-Vie 12:30-5pm · Sáb-Dom 9am-5pm